En la República Dominicana, especialmente en el Gran Santo Domingo, se observa un desorden generalizado de cables aéreos —eléctricos, de telefonía e internet— que quedan colgados en postes y fachadas, creando verdaderas “marañas” que contaminan visualmente el entorno y representan un riesgo para peatones y vehículos . A menudo, los cables en desuso no son retirados, lo que genera acumulaciones y posibles peligros eléctricos .
Entre 2011 y 2015, se documentaron casi 1,000 casos de electrocución en el país, la mayoría por contacto con cableado defectuoso o mal ubicado . En sectores como Cristo Rey, Villa Agricola, Herrera y Los Mina, esta situación es tan común que se ha normalizado entre los vecinos .
En otras ciudades similares, como San Pedro Sula (Honduras), Ciudad de México y León (México), los cables colgantes son una amenaza constante: provocan accidentes, daños a vehículos, incendios e interrupciones del servicio, y a menudo las autoridades locales carecen de una regulación efectiva .
En Quito (Ecuador), los cables son conocidos como “tallarines” por su aspecto desordenado. Muchos pertenecen a empresas de telecomunicaciones que no retiran los cables tras finalizar contratos, dejando cables muertos que nadie recoge

